jueves, 8 de marzo de 2012

Stand by




¡No intentes controlarme! Por favor, no me vuelvas a  decir lo que está bien o mal. No quiero escucharte; han sido muchos años pensando en los demás a cada instante, intentando que nunca les faltara una sonrisa o unas palabras pero ya no queda nada. No tengo más palabras de apoyo ni más sonrisas que daros. Toda mi persona se ha vuelto putrefacta, sólo soy carroña para los buitres. Necesito …     ¿Qué demonios necesito?

Creo que te debes un receso. Necesitas gritar, hablar, cantar, reír, bailar, correr, saltar y fumar  únicamente cuando TÚ quieras. No me defraudes, confío en que vuelvas a empatizar y a amar a los demás. ¡¿A quién quieres engañar?! Por más que lo intentes no puedes cerrar tu mente y callarme para siempre. Si lo haces sé que me echarás de menos en algunas ocasiones. Siempre he estado ahí aconsejándote qué tenías que hacer. He sabido darte las palabras apropiadas para el momento adecuado. No tires la toalla, hacen falta personas como tú.

Es verdad, ¿A quién intento engañar? Sé que es imposible echar la llave e irme de “vacaciones mentales” pero a veces no lo aguanto, siento que tengo demasiado peso en mi espalda y entonces, me caigo y no puedo levantarme porque nadie me dedica una sonrisa o unas palabras cargadas de ánimo. 

martes, 6 de marzo de 2012

Él, ella, ellos, ellas ...





Esperan de pie o sentados
que le compres algo.

Te dicen palabras difícilmente pronunciadas
Y tú ni les miras
Pasas de largo porque tienes mucha prisa.

Ellos siempre tienen una sonrisa
Tú, en cambio, una bordería.

A veces te cantan, otras te piropean
pero
No sirve de nada
No venden nada
No ganan nada
Lo perdemos todo.


(…)


Son hombres y mujeres llenos de valor,
Héroes de la fuerza y la constancia.

lunes, 5 de marzo de 2012





Cogerte entre mis manos
y sumergirme de lleno en la lectura
es, sin ninguna duda, el placer de la lectura.


(...)


Últimamente soy una “ratoncilla” de biblioteca, me conozco desde el primero hasta el último libro que hay en la polvorienta librería del salón, por no hablar de los que se amontonan en mi mesilla de noche. Comienzo uno y lo devoro pero como me quedo con ganas de más, empiezo otro.

Normalmente leo cuando toda mi familia duerme. Enciendo la lamparita de mi cabecera, me acomodo en el cojín y disfruto de una agradable velada que se puede extender hasta altas horas de la noche. Creo que experimento la misma sensación que un catador de vino cuando el vino roza sus labios y paladea su intenso sabor. ¡Qué pena que no haya un trabajo en el que te paguen por “degustar” libros!

Este mediodía me ha pasado algo increíble. Tras una agotadora jornada en la facultad me dispuse a coger el autobús; como rutina, saludé al conductor y piqué con el bonobús. Me senté en el primer asiento que encontré libre, ni siquiera miré a la persona que estaba sentada en el otro asiento para decirle hola y dedicarle una sonrisa. Iba deseosa de retomar la novela que había dejado en pausa y necesitaba reanudar. Como es lógico, me he pasado de parada pero creo que las cosas ocurren por algo, ¿destino? Quizá.

Cerré el libro rápidamente y me apresuré a levantarme del asiento para ir a la salida, albergaba la esperanza de que me viera el conductor, parase y yo pudiese bajarme. Pero no fue así. Decidí volver a sentarme, y con tranquilidad, coloqué el separa páginas entre la página doscientas cincuenta y seis y la página doscientas cincuenta y siete, cerré el libro y  lo guardé en la mochila; justo en ese momento en el que la cremallera de mi maleta se había quedado estancada y no iba ni hacia arriba ni hacia abajo, un hombre-de unos cincuenta y pico de años- me habló y me recalcó el buen gusto que había tenido a la hora de escoger esa novela. Me quedé pasmada porque el hombre me había dirigido la palabra cuando yo ni siquiera le había saludado, me retorcí de rabia porque yo siempre saludaba y a veces la persona que tenía al lado ni me contestaba y hoy había sido al revés.

Daba la casualidad que él se bajaba una parada después de la mía- de no habérmela pasado, él no me hubiera recalcado mi buen gusto para escoger novelas - y fuimos charlando un rato. Le expliqué qué estaba estudiando, él me comentó lo que había estudiado. También nos dio tiempo de intercambiar filosofías de vida- aunque la suya era mucho más coherente, imagino que por la edad-. Me dio tantísima pena cuando me tuve que despedir de él que le dije con entusiasmo que ojalá volviéramos a coincidir en el autobús, en la calle o en el súper del barrio.  Él tomó su camino y yo tomé el mío pero de alguna forma creo que esos minutos que duró nuestra conversación me han hecho replantearme las cosas de otra forma.

No sé cómo te llamas ni tampoco dónde vives exactamente solo sé que nos volveremos a encontrar y seguiremos charlando con tanta tranquilidad como lo hemos hecho hoy.

domingo, 4 de marzo de 2012




La luna se ocultaba entre las nubes por lo que a veces veía mi habitación perfectamente iluminada y otras, la veía en la más profunda penumbra. La puerta estaba entornada y la ventana abierta. Se escuchaba una suave melodía integrada por el canto de los grillos y el susurro del viento al mecer las hojas de los árboles.

Cada vez iba adentrándome más y más en mi placentero sueño hasta que por fin, caí en brazos de Morfeo. El viaje, desgraciadamente, no duró todo lo que a mí me hubiera gustado ya que escuché un estruendo tan  grande que hubiera podido despertar a toda la humanidad.  Al desvelarme decidí levantarme y beber un poco de agua para calmar la sed y el calor que tenía mi cuerpo. Sin pensarlo dos veces vertí  parte del agua sobre mi cabello.

El insomnio  se apoderó de mí y entonces supe que no sería tan fácil volver a conciliar el sueño. Decidí salir a la calle para observar a la dama que cada noche se alza gloriosa en el cielo, era preciosa, creo que nunca vi una luna parecida a esa. Estaba redonda, completa y brillaba más que de costumbre. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo así que decidí  ir a coger una sudadera;  intenté no demorarme demasiado para contemplarla de nuevo pero cuando llegué, la luna se había desintegrado. Ya no estaba.

Salí corriendo en dirección a la plaza del pueblo para subir a la torre de la iglesia y poder buscarla pero mi propósito no dio resultado. Me ahogué en la pena y lloré, pensaba que no era posible que esa luz hubiera desaparecido y no me hubiera podido despedir de ella.

En mi cabeza sonaba Claro de luna pero esta vez era un réquiem. 

miércoles, 29 de febrero de 2012

Lista de cosas que quiero hacer

           Tengo muchos deseos que cuelgan de una vieja chincheta. Empezó siendo un folio en blanco colgado en la pared, al principio me daba miedo escribir deseos pueriles de los que más tarde podría arrepentirme pero me llené de valor y comencé a plasmar las cosas que quería hacer sin ningún rodeo. La lista está aún por terminar ya que aún falta por añadir algunas cosillas y sin embargo otras ya están tachadas.
Esta lista refleja una gran parte de mi vida y de mis ilusiones que quiero conseguir a corto, medio y largo plazo.No me alargo, aquí os la dejo:

-Montar en globo aerostático.
-Visitar Atenas.
-Visitar Irlanda.
-Visitar Nueva York.
-Visitar El Cairo.
-Ir de aventura por Italia
-Vivir en un pueblecito costero de España.
-Hacer el Camino de Santiago.
-Plantar un árbol.
-Escribir una novela.
-Escribir cuentos para niños/as.
-Apadrinar a un niño o a una niña.
-Aprender a montar en bicicleta.
-Terminar mi carrera.
-Aprobar las oposiciones y ejercer como docente.
-Hacerme un tatuaje pequeñito cuando termine la carrera que simbolice el aprendizaje continuo que he tenido y seguiré teniendo.
-Hacer una acampada para re-descubrir mi espíritu aventurero, y ver las estrellas durante toda una noche.
-Montar a caballo.
-Regalarle a mis padres un viaje por todo lo que me han apoyado, querido, animado y respetado.
-Tener una perrita (a ser posible de la perrera) y llamarla Audrey.
-Pintar un cuadro.
-Aprender bien un idioma.
-Hacer un álbum de foto con los mejores momentos de mi vida.
-Aprender a coser.
-Aprender a tocar un instrumento.
-Apuntarme a clases de teatro.
-Tener hijos.
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(...)

martes, 28 de febrero de 2012

¡Qué suerte tengo de ser andaluza!

Más que amor a mi Andalucía es orgullo lo que siento. Levantarme cada mañana con una sonrisa y entablar conversación con cualquier persona sobre el frío o el calor que hace ese día; llegar a la facultad y saludar con un "Buenos díah" y que todo el mundo responda "Eeeeehhh, buenos diah" o ir a la panadería y que te digan "Hola, guapetona. ¿Qué te pongo, miarma?"
Para mí es una satisfacción el haber tenido la suerte de nacer aquí, en este rinconcito cargado de cultura y arte.